domingo, 4 de junio de 2017

A. Schopenhauer: el arte como "alivio" metafísico.



Arthur SCHOPENHAUER (1788-1860).
 
Para Arthur Schopenhauer (1788-1860) el arte establece una forma de conocimiento privilegiada, un conocimiento «metafísico» que tiene que ver con la contemplación desinteresada de las ideas (en sentido platónico), es decir, de aquello que es inmodificable e imperecederamente verdadero.

Las ideas son las primeras e inmediatas objetivaciones de la Voluntad, en el sentido de que son especie, arquetipos, esencias universales y genéricas. Las ideas están fuera del espacio y el tiempo y del principio de causalidad en todas sus formas, son eternas e inmutables. Incluso están fuera del alcance del individuo como tal, que sólo puede conocer cosas individuales, objetos que son objetivación inmediata de la voluntad y mediata de las ideas, por ser representaciones.

Los objetos particulares –las cosas y los seres existentes en el espacio y el tiempo- por su multiplicidad y su mutabilidad, no constituyen una objetivación adecuada y plena de la voluntad. Objetivación adecuada y plena lo es solamente la idea. Y la idea no es el objeto del conocimiento, sino sólo lo es del arte, que es obra del genio. (Cfr. Abbagnano, 1978, p.131). 

 
Goce estético Vs pesimismo
La contemplación estética sustrae al hombre de la cadena infinita de las necesidades y los deseos y lo lleva a una satisfacción inmóvil y completa. Esto sucede, porque el individuo es de algún modo anulado como tal al acceder a este tipo de experiencia.
  • "Podemos sustraernos a nuestros pesares, lo mismo con los objetos presentes que con los pasados, pero a condición de elevarnos a su contemplación puramente objetiva y de hacernos así la ilusión de que mientras esos objetos están presentes delante de nosotros, nosotros estamos lejos de ellos. Entonces, desasidos del odioso Yo y convertidos en puros sujetos del conocimiento, nos identificaremos con los objetos y como nuestra miseria les es ajena, ajena se hará para nosotros." (MVR III, §38, p. 34).
Mientras el conocimiento racional, y por consiguiente, la ciencia, están determinados por el principio de individuación, e igualmente también sometidos por las exigencias de la voluntad, el arte es conocimiento libre y desinteresado. Pero, cabe especificar que para Schopenhauer, quien alcanza a contemplar las ideas no es el individuo como tal, sino el sujeto puro de conocimiento, aquel individuo, capaz de desprenderse de la tiranía de la voluntad, el «ojo puro del mundo». Es decir el genio, que es capaz de alcanzar la actitud de contemplación de las ideas en su grado más elevado: «Mientras para el hombre corriente el conocimiento es la linterna que alumbra su camino, para el genio es el sol que ilumina el mundo y se lo descubre». (MVR III, §36, p.25).

A mayor conciencia, mayor dolor. La vida es un negocio que no cubre los gastos. Nuestro mayor delito es haber nacido (Calderón). El pesimismo de Schopenhauer es radical. El fondo de lo real es voluntad insatisfecha. La estructura de toda vida, y en especial del ser humano es esencialmente dolor. La voluntad se manifiesta en todo su poderío en los fenómenos efímeros, y nuestra existencia es uno de ellos.

Por contraste, para Schopenhauer, las características y condiciones subjetivas del goce estético son: emancipación del sometimiento de la voluntad, olvido de sí mismo como individuo y elevación de la conciencia al estado de sujeto puro del conocimiento, colocado fuera de la voluntad del tiempo y de todas las relaciones (MVR III, §38, pp. 34-35). «El conocimiento de lo bello supone dos términos unidos e inseparables, un puro sujeto cognoscitivo y un objeto del conocimiento: la Idea». (MVR III, §42, p. 45).


Caspar David FRIEDRICH. El caminante sobre el mar de nubes (1817–1818).

 

Las diferentes artes nos liberan por un momento de la tiranía de la existencia  
Todo arte es liberador, porque genera placer en términos de que nos permite alejarnos del dolor de la necesidad, al alcanzar un estado de contemplación desinteresada, y una separación del conocimiento de la voluntad. Pero esta liberación es sólo momentánea.
 
De esta manera, el arte, con excepción de la música, es conocimiento de las ideas platónicas y reproducción intuitiva de este conocimiento. Y tal como ya lo hemos señalado al comienzo; por ideas platónicas Schopenhauer entiende las arquetípicas y eternas figuras fundamentales de la naturaleza, no ocurrencias, o representaciones o pensamientos subjetivos; y por conocimiento, no una noción abstracta, lograda por reflexión conceptual, sino una contemplación intuitiva.

Las artes plásticas, a través de la contemplación, llevan ideas a un conocimiento intuitivo, que apacigua la voluntad. Se trata del qué de las cosas, no del porqué, no del principio de razón suficiente, que ocupa el lugar central en las ciencias. El que contempla se pierde en la intuición. Diríamos que se olvida de su yo y del mundo. Es como si todo sufrimiento, todo querer y todo desear se hubieran disipado.

Las artes poéticas intentan conducir con medios lingüísticos a la intuición de las ideas. El poeta pone la fantasía en movimiento induciéndola a que imaginativamente, es decir, a través de metáforas, haga presentes en ella las ideas, sobre todo la idea del ser humano. Los poetas muestran en ejemplos lo que es la vida, lo que es el mundo.

La cúspide de la poesía es la tragedia. Su finalidad es poner ante los ojos la parte terrible de la vida, el dolor sin nombre, los lamentos de la humanidad. La tragedia revela la más íntima esencia metafísica del mundo a través del triunfo de la maldad, a través de la situación desesperada de seres humanos justos o inocentes. Muestra intuitivamente cómo la voluntad, que es la cosa en sí, está escindida dentro de sí misma, por lo cual en el mundo dominan la discordia y la lucha, y el mundo es inmutablemente tal como aparece. Además la tragedia manifiesta de manera intuitiva el conocimiento metafísico de que el yo del individuo, o lo que Schopenhauer llama también principio de individuación, es solamente un engaño. Este conocimiento conduce a que mueran, a que pierdan su poder, los motivos egoístas, los cuales se fundan en un mundo con apariencias de yo, en el mundo como representación.

Esta mirada a la universal esencia metafísica del mundo, sustraída a todas las cosas concretas, opera según Schopenhauer como un profundo aquietamiento de la voluntad. Se produce un cambio del individuo por breves instantes, que apunta a su transformación. Así la tragedia virtualmente es también una llamada a la resignación, una invitación a desprenderse del querer terrible de un mundo en el que dominan la casualidad, el error y la maldad. En el instante de la catástrofe trágica se apodera del espectador la persuasión de que la vida es un sueño del que conviene despertar. (Cfr. Esteban, 2012)

Para Schopenhauer la música ocupa la posición suprema entre todas las artes. No es la copia de una idea, o sea, no es una representación mediata de la voluntad metafísica en el medio de figuras ideales prototípicas, sino que ella ostenta en exclusiva el rango de una reproducción inmediata de la Voluntad metafísica. La música lleva inherente algo metafísico. Ella es en cierto modo una metafísica en tonos. Por tanto, la música, a diferencia de las otras artes, no se dirige al mundo objetivo; su objeto no es la representación, sino que se refiere inmediatamente a la "voluntad no objetiva". No habla de cosas, sino de afectos y sentimientos, de la felicidad y del dolor. En la música habla en forma poderosa y penetrante la esencia misma del mundo. Si las otras artes hablan solamente de sombras, la música, en cambio, habla de la esencia. La música expresa por doquier la quintaesencia de la vida. Desvela las pasiones secretas de la escisión y reconciliación eternamente repetida de la Voluntad.




Por: Rodolfo Wenger C.




Referencias
ABBAGNANO, N. (1978). Historia de la filosofía, tomo III. Barcelona: Editorial Montaner y Simón.
ESTEBAN E., J. E. (2012). “Schopenhauer y el joven Nietzsche: de la metafísica de la voluntad a la metafísica de artista”. En: Revista Pensamiento, vol. 68 (2012), núm. 256, pp. 249-272.
SCHOPENHAUER, A. (1985). El mundo como voluntad y representación. (MVR). Madrid: Ediciones Orbis, 2 volúmenes.

 








sábado, 6 de mayo de 2017

Aprender de Atenas: la documenta 14

Rebecca Belmore: Biinjiya'iing Onji (From inside). 2017
Instalación, (carpa elaborada en mármol,140x200x200 cm)


Por primera vez en sesenta y dos años de existencia, la documenta, la muestra de arte contemporáneo más importante a nivel internacional (por su trayectoria, envergadura y alcances); y que se realiza cada 5 años desde su primera edición en 1955 en Kassel (Alemania); tendrá una sede alternativa.

Se trata de Atenas, la capital de Grecia, puerta de entrada a Europa para innumerables inmigrantes provenientes de: África, Turquía, Medio Oriente y Asia Menor. Esta ciudad en crisis y cuna de la civilización Occidental alberga desde el 8 de abril hasta el 16 de julio de 2017, en distintos puntos de la ciudad, obras y propuestas variadas de 160 artistas seleccionados por un equipo curatorial dirigido por el polaco Adam Szymzcyk. El 10 de junio se inaugurará -a su vez- en Kassel la muestra paralela que culminará, después de otros 100 días, el 17 de septiembre. De esta manera, coincidirán de manera simultánea por un mes "dos" documentas en ambas ciudades.



Es un reto enorme como apuesta organizativa, porque la problemática de la deuda griega es uno de los quebraderos de cabeza permanente de la Unión Europea, que le impone permanentemente mayores sacrificios económicos para poder otorgarle nuevos préstamos -a un país al borde de la quiebra- con el fin de que pueda cumplir mínimamente con los compromisos financieros adquiridos a causa de su enorme deuda. Esto trae como consecuencia mayores tasas de desempleo y constantes recortes de ayudas sociales para la población. Se trata de una dinámica inexorable y trágicamente desalentadora, que parece nunca acabar.


Marta Minujín: El pago de la deuda griega a Alemania con aceitunas y arte, 2017. (Instalación y performance)

Al duplicar la sede de la documenta se busca hacer de Atenas -una ciudad que no es considerada importante para el campo de las artes contemporáneas, y que está expuesta a la problemática de los desempleados, la exclusión, y el desempleo-, una ciudad visible en términos de creatividad y resistencia. Porque en sus inicios la crisis desató una enorme energía: artistas ocuparon espacios y pusieron en marcha proyectos propios. “Atenas es la nueva Berlín”, se decía. Y aunque entretanto a algunos ya les falte el aliento, Atenas sigue albergando una cultura alternativa tan activa como la de Berlín. Por eso, los organizadores esperan que con la documenta la ciudad reciba nuevos estímulos para que puedan surgir nuevas redes de cooperación artística y cultural.




El título o leitmotiv de esta 14ª edición de la documenta es: Aprender de Atenas [learning from Athenas]. Las exposiciones, eventos y/o acciones tendrán lugar en numerosas sedes como: el Museo Nacional de Arte Contemporáneo (EMST), la Escuela de Bellas Artes de Atenas (ASFA), el Museo Benaki, pero también en plazas, bibliotecas, teatros, conservatorios de música, universidades, espacios académicos y diversos lugares significativos de la ciudad, dada su carga simbólica, histórica, cultural y/o política. 

Algunas de las obras expuestas fueron creadas ex-profeso para estos más de 40 distintos escenarios, donde no sólo se presentarán exposiciones de artes visuales, sino también performances, acciones, teatro, música, danza y cine. 







Es importante señalar que la crisis no ha mermado el espíritu crítico de los atenienses. Y la gran exposición proveniente de Alemania genera grandes recelos. Se considera que explota la tragedia griega, que convierte la ciudad en escenario pintoresco para la élite artística internacional. En un muro situado frente a la oficina de la documenta, un grafiti planta cara. Un acicate para el equipo de la documenta:




Y es que Atenas desde hace tiempo es la capital de los graffitis y el arte callejero: desde lemas políticos a murales monumentales. Una muestra de ello son las manos en oración del pintor Alberto Durero que se muestran aquí no orientadas hacia arriba, como en el original, sino hacia abajo, como si Dios rezara por la humanidad. No en vano, el título de la obra es “Reza por nosotros”.



¿Qué puede lograr el arte en esta época convulsa? ¿Logrará realmente la documenta insuflar nuevas energías a Atenas, abrir nuevos horizontes? ¿Qué quedará cuando la documenta termine? Cada artista tiene su propia respuesta a estas cuestiones. Sea como fuere, la documenta, en su décimo cuarta edición, volverá a ser más que una muestra artística…un sismógrafo de su tiempo. Un sismógrafo que ha de registrar distintos aspectos que involucran también facetas epistemológicas, teóricas y políticas, como: el de tener que desaprender de lo aprendido, lograr un cambio de paradigma, cuestionar la relación entre  arte y sociedad, dinamizar las críticas al capitalismo, entre muchas otras temáticas. Porque el arte no está llamado a ser el único tema del evento. La muestra, indudablemente, quiere también hacer justicia a las grandes crisis de nuestro tiempo: la guerra, los desplazados, la explotación, el colonialismo. 

De ahí que los temas centrales de la documenta sean, en últimas, el destierro y la huida. Porque en Atenas quedan varados innumerables refugiados de Siria, Irak o Afganistán en su camino al centro y norte de Europa. Ya en los años veinte, la ciudad fue lugar de refugio cuando la guerra greco-turca provocó destierros en masa en Asia Menor. La descontrolada construcción inmobiliaria que causó marca aún hoy la imagen de la ciudad.



Por ejemplo, el fotógrafo, comisario y artista británico-nigeriano Akinbode Akinbiyi es un cronista de las grandes ciudades, desde Lagos a Berlín. En Atenas le sigue la pista con su cámara a las múltiples facetas de la historia. Su mirada representa el cambio de perspectiva que busca la documenta 14, más allá de la gestión cultural occidental.

Fotografía de Akinbode Akinbiyi


Por: Rodolfo Wenger C.


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