K. Wodiczko y la re-significación crítica de la memoria urbana

Krzystof Wodiczko (Varsovia, 1943)

Krzysztof Wodiczko (Varsovia, 1943), es actualmente profesor e investigador del MIT y de la Escuela de Diseño de la Universidad de Harvard. En sus obras de arte en espacio público propone una constante re-significación del espacio urbano, sobre todo de los monumentos o los lugares cargados de memoria arquitectónica e histórica, con el fin de poner de presente una dimensión crítica frente a las exclusiones a las cuales han sido sometidos distintos sectores de la población. 

Sus propuestas combinan diversos elementos, como lo son: el diseño industrial, los medios audiovisuales y digitales, el performance y la arquitectura para abordar temáticas, sociales, políticas y sociológicas que buscan propiciar la comunicación y el diálogo intercultural. Y su estrategia ha consistido, en general, en proyectar imágenes en fachadas de edificios o monumentos emblemáticos de distintas ciudades del mundo, que muestran partes agrandadas del cuerpo o del rostro de individuos que componen la comunidad, y que dan testimonio de sus experiencias –muchas veces ignoradas o silenciadas- a través de su voz, o de otras forma de comunicación verbal como la combinación simultánea de texto y narración oral. 
 
Wodiczko busca provocar con esta proyección de imágenes audiovisuales perturbadoras en monumentos o edificios públicos, un impacto a menudo violento e irónico, que intenta despertar la conciencia crítica del público de cara a la realidad social en la que se encuentra sumergido. La utilización de plazas, calles, edificios y monumentos del pasado cargados de un gran valor simbólico y carga histórica, en distintas ciudades del mundo se han convertido en el eje de una manera de hacer crítica social a través del evento o acción artística.
Sus proyecciones, que unen al sentido de la imagen mediática contemporánea con la imagen del monumento público del pasado, son un aprovechamiento táctico para convertir en espectáculo sus intervenciones en estos espacios públicos y difundir sus mensajes críticos. (Di Paola 2009:134).

Veamos algunos ejemplos de ello. 



En The Hiroshima Projection, el 7 y 8 de agosto de 1999, en el A-bomb Dome -edificio que quedó en parte intacto tras el atentado atómico del 6 de agosto de 1945-, se vio la proyección de las manos gesticulantes y se escucharon las evocaciones emotivas de varios supervivientes que padecieron a lo largo de los años las secuelas de este ataque nuclear. Con las imágenes proyectadas a la altura del lago artificial del Hiroshima Peace Memorial Park, Wodiczko buscó hacer una denuncia del olvido y la indiferencia hacia este crimen contra la humanidad; dando así un testimonio elocuente de:

[…] la irrepetible existencia del individuo, de su relación peculiar con la verdad que han vivido en primera persona y que ha modificado irreparablemente su condición de ciudadano del mundo. En ese sentido Hiroshima Projection auspicia el valor del testimonio como verdad interna que constituye al individuo respecto a la colectividad y aún más, respecto a las potencias históricas de la negación y la ocultación. […] (Di Paola 2009: 135).


Los testimonios presentados, erosionan -sin caer en el sentimentalismo- algunos de los mitos y prejuicios que todavía hoy en día existen a causa de la prohibición por parte de las autoridades japonesas de la época de no difundir ningún testimonio de lo sucedido que pudieran alterar la tranquilidad pública. Sólo cincuenta años después, las voces de las víctimas pudieron expresar los terrores psicológicos, éticos y políticos sufridos y ocultados. Porque, además de las consecuencias radioactivas nefastas que debieron padecer muchos supervivientes, también tuvieron que aceptar silenciosamente las justificaciones de las autoridades estadounidenses, el maltrato psicológico perpetrado por los veteranos de guerra traumatizados y el prejuicio común de que pudieran representar una amenaza potencial genética para la sociedad.
Krzystof Wodiczko, Tijuana Projection, 2001. (Videoproyección en espacio público).
Con un objetivo similar surge en 2001 Tijuana Projection, una intervención llevada a cabo en el Teatro Omnimax del Centro Cultural de Tijuana (CECUT), edificio conocido popularmente como La Bola y construido por Pedro Ramírez Vázquez y Manuel Rossen Morrison, en 1982, el cual se articula a partir de una gran esfera inspirada, en gran parte en los cuestionados proyectos utópicos del arquitecto neoclásico francés del siglo XVIII Claude Ledoux, y que se concibió para dinamizar culturalmente a Tijuana y promover un cierto turismo cultural. 

Tijuana es una ciudad fronteriza del norte de México que se caracteriza por ser uno de los lugares de mayor presión y control de la policía anti-inmigración estadounidense. La frontera militarizada con los Estados Unidos ha modificado por completo, con el tiempo, el paisaje real de Tijuana. Pero no sólo ha trasformado todo el espacio físico que ocupan las personas que están y trabajan allí, sino también su propio "espacio interior", es decir, los estados de ánimo, las esperanzas, los horizontes mentales, así como las identidades y las utopías de la colectividad. Es así que Tijuana Projection busca hacer visible los efectos físicos y mentales producidos por la construcción de una frontera que marca de manera dramática el territorio no sólo en lo físico y espacial, sino también en lo mental. 
Krzystof Wodiczko, Tijuana Projection, 2001. (Videoproyección en espacio público).
Wodiczko, al interesarse por el significado simbólico que se desprende de la voluntad integradora del edificio, va más allá de las características físicas del lugar, y proyecta la imagen de los rostros de personas que narran el drama de su experiencia como inmigrantes, o como víctimas de atropellos y distinto tipo de violencia en tiempo real. Esto lo hace posible a través de la instalación de cámaras de video móviles y micrófonos colocados directamente en un soporte especial sobre la cabeza de las personas que van pasando una a una a narrar las duras experiencias que han padecido al querer cruzar de manera clandestina la frontera en busca de un mejor futuro, por ejemplo; o por el duro trabajo diario que tienen que hacer muchas mujeres al vender su fuerza laboral en condiciones de explotación en las llamadas "maquilas"; e incluso el testimonio de algunas de ellas que han sido víctimas de violaciones, incesto o distinto tipo de vejámenes y situaciones de violencia doméstica.

Lo curioso es que estas dolorosas experiencias íntimas, guardadas de manera privada por mucho tiempo se hacen públicas, y se constituyen así en una experiencia catártica ante un amplio público asistente. De esto es consciente el artista, al afirmar  en una entrevista que: «[…] a veces es más fácil decirle las cosas a una multitud de personas que a alguien en el hogar». Por eso el dispositivo de sus obras adquiere un cierto carácter de espectáculo que aparentemente parece contradictorio con lo delicado de los contenidos traumáticos abordados; pero que en la experiencia concreta de la realización final del proyecto artístico posibilita la verbalización de aquello que se encuentra reprimido, latente, y que es puesto de manifiesto a través de la palabra, a la manera de una "cura psicoanalítica”. Porque según S. Freud la cura psicoanalítica se da cuando el trauma, al ser recordado y verbalizado, se disipa y se elabora.

Krzystof Wodiczko, The St. Louis Projection, 2004. (Videoproyección en espacio público).
Esto se evidencia de alguna manera en otra de sus obras: The St. Louis Projection, del 15 de abril de 2004, con la utilización por parte del artista de la fachada de la Biblioteca Pública de St. Louis, en donde proyectó varios testimonios de personas que han sufrido los efectos de la violencia. La proyección constó de dos partes: una en la que se presentaron los testimonios de quienes perdieron a algunos de sus seres queridos y donde compartían en directo sus experiencias y dolores con el público, y la otra en la que se mostraron las manos gesticulantes en la fachada del edificio, dando la sensación de que era el mismo edificio el que hablaba. Igualmente, se narraron las historias de remordimiento de los presos que cumplían condena por sus actos en el Estado de Missouri.
Así, en un lugar público como lo es esa biblioteca, es decir, un espacio concebido a partir de la idea de que todos los seres humanos tienen derecho al libre acceso de la información como instrumento esencial de la educación, el valor del testimonio se reactualiza con el carácter de una auténtica misión. Su función es prácticamente terapéutica y se basa en el poder curativo del discurso público. Aquellos que han perdido a sus seres queridos están en condiciones de expresar su dolor en un foro público y constructivo, mientras que los que han cometido actos de violencia pueden expresar sus culpas y el peso de sus propias acciones, con el mismo derecho de igualdad de palabra. (Di Paola 2009: 137-138).
De la misma forma podríamos seguir presentando algunas otras de las más de setenta proyecciones de este tipo realizadas en países tan diferentes como: Alemania, Inglaterra, Australia, Austria, Canadá, Polonia, España, Estados Unidos, rlanda del Norte, Israel, Italia y Suiza. 



Por: Rodolfo Wenger C.




Referencias 

DI PAOLA, Modesta. (2009).  “Krzysztof Wodiczko; proyecciones”, en AA.VV. (2009). La memoria del otro. Bogotá: Museo de arte de la Universidad Nacional de Colombia, 2009. Hay una versión en línea en: http://interartive.org/2010/12/krzysztof-wodiczko/#sthash.eFdrdyxI.TTNwxiBV.dpuf




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