La persistencia de la pintura



A propósito de la exposición Insinuaciones pictóricas, en Centro de arte Bohemia. Barranquilla, octubre 18 de 2012.



Maestro Jorge Martínez

La fidelidad a un oficio es notoria en la trayectoria artística del maestro Jorge Martínez. Se trata de un ejercicio diario, constante y persistente, que ya lleva décadas y que se ha ido desarrollando a través del grabado, el dibujo y, sobre todo, de la pintura como lenguaje abstracto. Esta búsqueda se ha centrado de forma reiterada en las posibilidades de expresión del medio plástico mismo, a la manera de una exploración silenciosa e introspectiva, cercana –quizás- a una devoción mística. Lo cual no es muy común hoy en día, dado que esta forma de dedicación se ha ido perdiendo con las nuevas generaciones, que prefieren la innovación espontánea, el uso de la experimentación ecléctica, la diversificación de medios y el uso de lo tecnológico, entre otras posibilidades pluralistas.
Su proceso creativo parte de una exhaustiva investigación minimalista en torno a la línea, el color y demás elementos pictóricos, que no excluye la planificación propia de lo racional, pero que se construye más bien a partir de la espontaneidad de lo expresivo y desde la fuerza de lo instintivo. En sus trabajos, las líneas no son el contorno, la delimitación, sino que establecen una dinámica propia, se hacen y rehacen constantemente, buscando trascender así sus propias limitaciones; pretenden alcanzar la tercera dimensión y adquirir volumen; intentan salirse imaginariamente del marco donde están constreñidas para ampliar sus horizontes perceptuales. Con ello evidencian su trayectoria relacionada con el grabado; porque las líneas constituyen trazos que borran las fronteras entre el dibujo y la pintura; son testimonios de los gestos que, al hacerse elocuentes, establecen una especie de impronta visual en el espectador que observa cada uno de sus cuadros.

Sus últimas búsquedas lo han acercado más al color, encontrando la luminosidad propia del Caribe. Los amarillos se hacen intensos, cobran vida, recuerdan, quizás a los de algunos cuadros de Alejandro Obregón, por ejemplo los de: “Bodegón en Amarillo” (1955) o “Agua cálida” (1962). Aunque si quisiéramos encontrar ciertos referentes visuales y artísticos de su obra, hallaríamos más bien afinidades con la pintura de otro maestro colombo-español: Juan Antonio Roda (1921-2003), o en los planteamientos artísticos del expresionismo abstracto norteamericano, o de algunos neoexpresionistas alemanes como Georg Baselitz (n. 1938) y Anselm Kiefer (n.1945), entre otras influencias que el propio artista reconoce.
También es muy interesante constatar que su pintura se relaciona curiosamente con la de una larga tradición pictórica: la paisajística; porque siguiendo con esta búsqueda de equiparaciones, llama la atención que el artista valora mucho la evocación del paisaje natural y todo un mundo cultural a partir del color y de lo expresivo-abstracto. 


Esto último podría ser una de las claves de apreciación de los cuadros de esta exposición titulada Insinuaciones pictóricas, en donde se exhiben 26 trabajos recientes de variados formatos. Porque la propuesta de Jorge Martínez es eminentemente estética, busca provocar experiencias sensoriales a través de la percepción del color, de los trazos y las líneas. Sus pinturas pueden ser consideradas como paisajes, donde se insinúan figuras y formas que pueden surgir a partir de una atenta mirada que posibilite la emergencia de un trasfondo cultural, de mundos posibles ligados a las vivencias propias de un contexto, y que se va perfilando lentamente, poco a poco, entre lo consciente y lo inconsciente, entre lo abstracto y lo concreto, entre lo inanimado y lo animado, entre lo inexpresivo y lo expresivo; se trata de vivir las intensidades del paisaje mental, el que se crea en nuestro interior cuando alcanzamos una experiencia estética con la imagen pictórica.


Rodolfo Wenger Calvo
Docente-investigador
Universidad del Atlántico


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