Los mundos del arte de Nelson Goodman

El pilar del pensamiento del filósofo norteamericano Nelson Goodman (1906-1998) es lo que él llamó una ontología evanescente, o irrealismo. Esta ontología manifiesta la imposibilidad de acceder al mundo real como tal, ya que no existe algo así como los hechos neutrales, los hechos puros dados de antemano sin una versión que se refiera a ellos y que de alguna forma los predetermine. Cualquier acceso a lo real se enmarca dentro de una versión, con el inconveniente de que si bien hay versiones de mundo claramente incorrectas, hay muchas otras perfectamente válidas que son irreductibles entre sí. Goodman pone como ejemplo a los físicos que oscilan entre un mundo de ondas y un mundo de partículas, según la conveniencia de cada momento. Por eso señala que cuando construimos versiones hacemos mundos.
"El irrealismo no sostiene que todo sea irreal, o incluso que algo lo sea, pero considera que el mundo se disuelve en las versiones y que las versiones hacen mundos, proporciona una ontología evanescente y se ocupa de investigar aquello que convierte en correcta a una versión y hace que un mundo esté bien construido." (De la mente y otras materias,  p.57).
A partir de estos elementos se derivan el resto de los aspectos de la ontología y de la epistemología de Goodman: relativismo, limitado por la noción de corrección de las versiones; nominalismo que niega cualquier tipo de platonismo, ya que los predicados son meras etiquetas que reordenan los individuos de un mundo, pero nominalismo que a la vez admite que cualquier cosa pueda ser tomada como un individuo dentro de unos límites de corrección; sustitución de la noción de verdad por la de aceptabilidad última.
"Mi relativismo sostiene que hay muchas versiones-del-mundo correctas, algunas de ellas en conflicto con las demás, pero insiste en la distinción entre versiones correctas e incorrectas. El nominalismo, dejando completamente abierta la cuestión de la elección de su fundamento, impone una restricción sobre cómo se puede construir una versión correcta a partir de un fundamento. Una versión correcta debe estar bien hecha y para el nominalismo eso requiere la construcción de todas las entidades como individuos". (De la mente y otras materias, p.91).
Para Goodman, entonces, no hay hechos neutrales de los cuales nuestras versiones sean versión. Afirma que lo que creemos hechos neutrales son en realidad elementos de otras versiones: al describir cómo se encadenan las referencias simples afirma que en el nivel inferior hay, junto a las etiquetas nulas como «unicornio» que no denotan nada, cosas que no son etiquetas (nonlabels) como las mesas.

(René Magritte, Las bellas realidades, 1964. Oleo sobre lienzo, 50 x 40 cm))
Las palabras, el lenguaje verbal, son muy importantes en su concepción de creación de mundos. Por supuesto nadie puede hacer sillas con palabras, pero sí es cierto que hacemos constelaciones con ellas: las versiones hacen mundos delimitando, ordenando y jerarquizando unos aspectos sobre otros. En ese sentido no sólo hacemos las constelaciones, sino las estrellas mismas. Del mismo modo que un aborigen sería incapaz de ver un equipo de alta fidelidad cuyos elementos estuvieran diseminados por una habitación repleta de objetos, nosotros vemos estrellas porque forman parte de la versión de mundo con la que estamos familiarizados.
La pintura, como el baile, el cine o la arquitectura son maneras de hacer mundos, de construir mundos. Los mundos que construye el arte, no son sólo ficticios, sino que son al mismo tiempo, reales. Una de las formas de simbolización artística es la representación ficticia, pero también puede ser la representación de hechos reales, la ejemplificación de formas existentes o la expresión de sentimientos.

Los mundos del arte no son mundos autónomos, en los que rigen leyes diferentes al llamado mundo real, sino que lo construyen como cualquiera de los otros lenguajes:
"Tanto Cervantes, como el Bosco y Goya, y no en menor medida que Boswell, Newton o Darwin, parten de mundos familiares, los deshacen, los rehacen y vuelven a partir de ellos, y reformulan, así, esos mundos de diversas maneras, a veces, notables y a veces recónditas, pero que acaban por ser reconocibles, es decir, re-cognoscibles.” (Maneras de hacer mundos, p.144)

(El Bosco, El jardín de las delicias -Detalle del ala del Infierno. Hacia 1510.)
Estos mundos pueden construirse de muchas maneras, aunque en general la construcción de mundos parte siempre de mundos preexistentes de manera que más que hacer se trata, casi siempre, de rehacer. Entre las maneras de rehacer mundos Goodman cita las siguientes:
·         Composición y descomposición
·         Ponderación
·         Ordenación
·         Supresión y complementación
·         Deformación.
Pero, tal y como Goodman entiende el trabajo filosófico, no 'todo vale', porque Goodman ha distinguido entre versiones verdaderas y versiones falsas. Sólo las versiones verdaderas construyen mundos. Pero, ¿cuál es el criterio por medio del cual podemos distinguir entre versiones verdaderas y falsas? Cuando se pierde el mundo como realidad y toda correspondencia con él, la primera tentación es establecer la coherencia como criterio. Pero Goodman es más exigente, su criterio parte de la validez de la inferencia inductiva, en la que incluye además de la coherencia formal entre las oraciones, una correcta categorización. ¿Qué es lo que hace que sea correcta una categoría? Su adopción por parte de la práctica inductiva, su firme aceptación, como resultado de la inercia modificada por la invención. Es decir, la aceptabilidad que implica la validez inductiva, que implica una correcta categorización, que suele atrincherarse (entrench), pero también liberarse mediante la invención. Y aún tendremos que apelar a la costumbre como componente constitutivo de la verdad.
Los realistas que aceptan un mundo dado no han de estar muy de acuerdo con esto, pero no olvidemos que si hacemos mundos, el significado de la verdad no reside en los mundos sino en nosotros mismos, en las versiones de los mundos y en lo que hacemos con ellas.
La propuesta goodmaniana es, en definitiva, no discutir enormes problemas metafísicos sino "hágalo a su manera; lo mismo da"  tal como lo plantea en su ingenioso juego de palabras de Maneras de hacer mundos. "Never mind mind, essence is not essential, and matter doesn´t matter" (no se preocupe de la mente, la esencia no es esencial y la materia no importa).
No sólo la ciencia hace mundos, sino también el arte. Con ello, Goodman no pretende someter el arte a la ciencia ni la ciencia al arte. Ambos forman parte del mismo proceso cognitivo, la construcción de mundos, que no se limita al lenguaje o al pensamiento verbal, sino que incluye también la imaginación, lo sensorial, lo perceptual y lo emocional. De ahí la importancia de la educación para las artes. Aunque, por supuesto, ciencia y arte no son lo mismo.De acuerdo con un constructivismo consecuente, todos nosotros, los seres humanos: tenemos hábiles modos para crear y renovar nuestros hábitos, para categorizar y recategorizar los elementos del mundo, dejémonos de someternos a la verdad y construyamos cada vez mejores versiones que creen mejores mundos.

Lo que le importó a Goodman fueron las maneras de trabajar de los creadores (artistas, cinetíficos, pensadores,...), los instrumentos que han utilizado y sobre todo los fascinantes y variados resultados que han ido obteniendo. Hay muchas rutas de la referencia y no son solamente elementos decorativos, sino parte esencial de la filosofía y de los mundos que se han ido creando en el campo científico y artístico.


Por Rodolfo Wenger C.


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GOODMAN, Nelson. Los lenguajes del arte. Barcelona: Seix Barral, 1976.
______________  De la mente y otras materias. Madrid: Visor, 1990.
______________  Maneras de hacer mundos. Madrid: Visor, 1990.

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