Kant y la fundamentación sistemática de la Estética

(Immanuel Kant 1724-1804)

En su primera Crítica, La Crítica de la razón pura (1781) Kant se había ocupado del análisis de las condiciones de posibilidad del conocimiento científico, en la segunda, La Crítica de la razón práctica (1787) abordó los contenidos de la experiencia moral. Ahora, por medio de una tercera facultad distinta de la facultad de conocer y de la de desear, Kant considera que es posible que el sujeto establezca un encuentro entre estos dos mundos, entre el mundo sensible, fenoménico de la naturaleza y el mundo nouménico, suprasensible de la libertad. De esta manera La Crítica del Juicio (1790) trata de esta tercera facultad puramente subjetiva que no conoce ni desea: la facultad del sentimiento de placer y dolor, y lo hace centrándose en las características del Juicio como facultad cognoscitiva distinta a la razón y el entendimiento.

Kant se replantea así los problemas del pensamiento estético del siglo XVIII, con el que estaba familiarizado, en la forma característica de su filosofía crítica: ¿cómo son posibles los juicios acerca de la belleza y lo sublime? Es decir, habida cuenta de la evidente subjetividad de este tipo de juicios, ¿cómo ha de justificarse su implícita reivindicación de validez general? Esto es estudiado por Kant minuciosamente en La Crítica del Juicio, y lo hace distanciándose tanto de los planteamientos de los empiristas que reducen la belleza a la percepción sensible perdiendo su carácter de universalidad, como de los racionalistas que conciben la belleza como un concepto confuso, distinto de la sensación pero perteneciente enteramente al conocimiento racional. El juicio del gusto en Kant, posee unas cualidades sorprendentes; si bien es subjetivo y particular, y por ende estético, es a la vez, universal y colectivo. Esta afirmación tiene todas las características de un contrasentido: ¿cómo lo subjetivo puede ser universal?, ¿de qué manera puede hablarse de universalidad cuando nos referimos al gusto?

Cabe resaltar por otra parte que con Kant se da por primera vez la posibilidad de la fundamentación sistemática de la estética, al aplicarle a esta su método crítico en términos de filosofía trascendental, la cual constituye una crítica del conocimiento, una crítica de la experiencia, de sus límites y posibilidades. Más específicamente, el análisis de las condiciones que hacen posible los juicios estéticos sobre lo bello es tarea de la "Analítica de lo bello". La presentación de estas condiciones está determinada por una analogía con las tablas de las funciones del juicio que Kant presenta en su Crítica de la razón pura: cualidad, cantidad, relación y modalidad. De acuerdo con ello, las condiciones decisivas que caracterizan a un juicio del gusto, son:
  • Complacencia desinteresada (cualidad)
  • Pretensión de universalidad (cantidad)
  • La forma estética como conformidad subjetiva con un fin indeterminado (relación)
  • La exigencia condicionada de esa complacencia a cada cual (modalidad)
Los aportes de La Crítica del Juicio son innegables, tanto así que cabe afirma que con esta obra se da inicio a la estética moderna, porque con ella Kant da una respuesta contundente y racionalista a aquellos que solo veían en la experiencia estética subjetividad y relativismo. 
 
Para Kant la dimensión estética es una de las dimensiones fundamentales del proyecto ilustrado de autonomía y libertades, y el gran mérito de La Crítica del Juicio radica en su capacidad de realizar una síntesis de las distintas concepciones estéticas de su tiempo y de establecer un análisis trascendental del juicio estético, fundamentando así, sus alcances, posibilidades y limitaciones, tratando de equilibrar el rol tanto de la sensibilidad como del entendimiento, porque da la posibilidad de superar la contradicción entre estas dos facultades, dado que el gusto implica tanto sensibilidad como posibilidad de un juicio.

La indagación que realiza Kant en La Crítica del Juicio no es la de considerar la belleza en términos de una Idea o de una dimensión trascendente y absoluta, tipo Platón, sino la de fundamentar su apreciación tomando como base el sujeto autónomo, poseedor de una capacidad de juzgar por sí mismo. Esto está estrechamente relacionado con la conciencia creciente en su época de la autonomía de la estética como disciplina ligada a la conquista de la autonomía del sujeto, de la actitud crítica y del espacio público: juzgar libremente en el campo del arte –y en otros- es reconocerle la posibilidad a otro de hacer lo mismo.

Esto es importante, porque la libertad de juzgar libremente está íntimamente ligada a la constitución de un espacio colectivo en donde todos pueden acceder a esa libertad y ejercerla como fundamento de la autonomía.



Por Rodolfo Wenger C.
 
 
 
 
 

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